15 mayo 2012

La isla de Bowen, César Mallorquí


En 1920, la Sociedad Geográfica SIGMA organiza una expedición al Ártico, liderada por el brillante y excéntrico profesor Ulises Zarco, con el objetivo de seguir los pasos del científico desaparecido John Foggart, su colega y rival. La única pista que los guía son unos insólitos fragmentos de mineral y un antiguo códice medieval que relata el extraordinario viaje de unos monjes hasta una isla infernal. ¿Lograrán llegar a ella? ¿Qué los aguarda allí?

Así comienza La isla de Bowen, un viaje repleto de emoción, intriga y aventuras a la manera de los libros clásicos de autores como Verne, Stevenson o Arthur Conan Doyle, pero al mismo tiempo muy actual. Los referentes como la novela clásica de aventuras o incluso las historias de Tintín están claros, pero también hay que destacar que el Codex Bowenus que marca la ruta a seguir parece estar inspirado en el Viaje de San Brandán, un relato del siglo X que describe el fantástico periplo de un grupo de monjes irlandeses que se hicieron a la mar con afán evangelizador.  Esto le da mayor verosimilitud, fuerza y coherencia a la novela y la entronca con una tradición incluso anterior a la de las grandes novelas de aventuras del XIX: la de la literatura de viajes medieval. 

Su autor, César Mallorquí, es ya bien conocido no solo entre los jóvenes lectores, sino también entre los aficionados al género fantástico y de ciencia-ficción, que cultiva desde hace muchos años, y con el que ha obtenido prestigiosos galardones. En esta ocasión nos brinda una gran novela de aventuras en la que no faltan elementos fantásticos, con un final inquietante y un estilo ágil y cuidado al mismo tiempo, que le ha valido el Premio Edebé de Literatura Juvenil de este año. Es el 25º aniversario de los premios literarios que otorga esta editorial, y es, también, la cuarta vez que Mallorquí se alza con un galardón, que, desde mi punto de vista, esta novela merecía con creces. 

Si hubiera que buscarle algún “pero”, diría que he echado de menos algo de introspección en los personajes, porque las relaciones entre ellos me han parecido poco naturales, casi como si tuvieran que estar ahí por obligación. Sin embargo, todo lo demás lo compensa de sobra. Sin duda se trata de una novela que disfrutarán tanto jóvenes como adultos. El único requisito para ello es tener sed de aventuras y estar dispuesto a explorar los confines del mundo conocido, tal y como hacían los grandes exploradores del pasado. Al hacerlo, quizá descubramos que tal vez aún nos queden muchas cosas por descubrir…

1 comentario:

  1. Uschtu. Como siempre, genial y motivadora tu reseña.
    Es verdad que a mí no me hace falta mucha motivación para leer a César Mallorquí, pero por si todavía queda alguno.

    ResponderEliminar