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09 mayo 2016

Escritores de LIJ cuando eran niños | España | Fotos 1920 - 1960

Aquí os dejo una serie de fotos de escritores de literatura infantil y juvenil en los momentos de su vida en que quizá se fraguó su pasión o cuando recolectaron gran parte de lo que más adelante darían a otros niños y jóvenes. Algunos quizá ya soñaban con ser escritores.

El año al pie de las fotos en aquel en que fue tomada, y la edad, la que tenían entonces. Cuando viene una "?" es que no es seguro. En algunos casos no he puesto nada porque me resultaba imposible precisar o porque no existe ese dato en Internet.

Gloria Fuertes
1929 - Ana María Matute - 0 años
1939 - Juan Farias - 4 años
1938 - Montserrat del Amo con su hermano - 11 años
1943 - Fernando Alonso - 2 años
1950 - Jordi Sierra i Fabra - 3 años
1953 - Joan Manuel Gisbert - 4 años
1953 - Santiago García-Clairac (con boina y en Francia) - 9 años
1956 - Agustín Fernández Paz - 9 años
1956 - César Mallorquí - 3 años
1958? - Alfredo Gómez Cerdá - 7? años
1959? - Fernando Marías - 1? año
María Menéndez-Ponte (el año de su nacimiento es un enigma)

25 junio 2014

Ana María Matute nos deja. La LIJ está de luto

La literatura infantil es muy difícil, como escribir sencillo, que la gente cree que es fácil y es dificilísimo, porque lo más fácil es escribir complicado.
Ana María Matute ha fallecido en el día de hoy en Barcelona a los 88 años.

No es fácil explicar a los no «lijeros» lo que Ana María Matute ha representado para la literatura infantil y juvenil: madrina, referente, emblema, agitadora, faro...

Para hacernos una idea de lo Ana María Matute ha regalado a la literatura para niños y jóvenes basta con saber que obtuvo en 1965 el Premio Lazarillo por El polizón de Ulises, y en 1984 el Premio Nacional de literatura infantil y juvenil por Solo un pie descalzo. Además, ha publicado muchos libros dirigidos a ese público, entre otros: Los niños tontos, Tolín, Cuentos de infancia, Todos mis cuentos, El verdadero final de la Bella Durmiente, La oveja negra, Leyendas apócrifas, El árbol de oro y otros relatos, Carnavalito, El aprendiz, El saltamontes verde, Caballito loco, Libro de juegos para los niños de los otros, Paulina, El país de la pizarra.


También era una de las principales voces de la LIJ en la Real Academia. Y para hacernos una idea a su vez de lo que la fantasía ha representado para ella, no hay más que leer su discurso de ingreso, llamado En el bosque, del que extraigo algunas frases:
El momento en que Alicia atraviesa la cristalina barrera del espejo, que de pronto se transforma en una clara bruma plateada que se disuelve invitando al contacto con las manitas de la niña, siempre me ha parecido uno de los más mágicos de la historia de la literatura.
Porque el bosque (..) era mi lugar. Allí aprendí que la oscuridad brilla, más aún, resplandece; que los vuelos de los pájaros escriben en el aire antiquísimas palabras, de donde han brotado todos los libros del mundo.
¿acaso nuestros sueños, nuestra imaginación no forman parte también de nuestra realidad?
Escribir, para mí, ha sido una constante voluntad de atravesar el espejo, de entrar en el bosque.
Escribir es para mí recuperar una y otra vez aquel día en que creí que podría oírse crecer la hierba.
O el discurso de aceptación del Premio Cervantes, que puedes escuchar a continuación:


«El que no inventa, no vive». Y llega a mi memoria algo que me contó hace años Isabel Blancafort, hija del compositor catalán Jordi Blancafort. Una de ellas, cuando eran niñas, le confesó a su hermanita: «La música de papá, no te la creas: se la inventa». Con alivio, he comprobado que toda la música del mundo, la audible y la interna –esa que llevamos dentro, como un secreto– nos la inventamos.
La osadía que impulsa a los adolescentes y a los ignorantes y a los fabricantes de inventos y de sueños ¿acaso no son, a veces, una misma cosa?
Sobre la famosa crueldad de los cuentos de hadas –que, por cierto, no fueron escritos para niños, sino que obedecen a una tradición oral, afortunadamente recogida por los hermanos Grimm, Perrault y Andersen, y en España, donde tanta falta hacía, por el gran Antonio Almodóvar, llamado “el tercer hermano Grimm"–, me estremece pensar y saber que se mutilan, bajo pretextos inanes de corrección política más o menos oportunos, y que unas manos depredadoras, imaginando tal vez que ser niño significa ser idiota, convierten verdaderas joyas literarias en relatos no sólo mortalmente aburridos, sino, además, necios. ¿Y aún nos preguntarnos por qué los niños leen poco? Yo recuerdo aquellos días en Sitges, hace años, cuando algunas tardes de otoño venía a mi casa un tropel de niños y, junto al fuego –como está mandado–, oían embelesados repetir por enésima vez las palabras mágicas: “Érase una vez...”
Niños asombrados –como cuando, en cierta ocasión, vi surgir, al partir un terrón de azúcar en la oscuridad, una chispita azul–, algo que me reveló que yo sería escritora, o que ya lo era.
Y me permito hacerles un ruego: si en algún momento tropiezan con una historia, o con alguna de las criaturas que trasmiten mis libros, por favor créanselas. Créanselas porque me las he inventado. Muchas gracias.
Muchas gracias a ti, Ana María.

28 abril 2011

Ana María Matute en la entrega del Premio Cervantes

Extractos, relacionados más o menos con la infancia o que me han gustado especialmente, del discurso de Ana María Matute al recibir el Premio Cervantes, que puedes escuchar en RTVE, o leer en el Diario de Alcalá.
La imagen corresponde al cuento El duende y el niño, que Ana María escribió a los 5 años. Casi emociona el poder juntar en el mismo tema uno de sus primeros textos con uno de sus últimos.

... sueño que me acompaña desde la infancia. Desde aquel día en que oí por vez primera la mágica frase: “Érase una vez..." y conmovió toda mi pequeña vida.

“El que no inventa, no vive". Y llega a mi memoria algo que me contó hace años Isabel Blancafort, hija del compositor catalán Jordi Blancafort. Una de ellas, cuando eran niñas, le confesó a su hermanita: “La música de papá, no te la creas: se la inventa". Con alivio, he comprobado que toda la música del mundo, la audible y la interna –esa que llevamos dentro, como un secreto– nos la inventamos.

¿Y quién no ha convertido alguna vez a un Aldonzo o Aldonza de mucho cuidado en Dulcineo o Dulcinea...?

La osadía que impulsa a los adolescentes y a los ignorantes y a los fabricantes de inventos y de sueños ¿acaso no son, a veces, una misma cosa?

Sobre la famosa crueldad de los cuentos de hadas –que, por cierto, no fueron escritos para niños, sino que obedecen a una tradición oral, afortunadamente recogida por los hermanos Grimm, Perrault y Andersen, y en España, donde tanta falta hacía, por el gran Antonio Almodóvar, llamado “el tercer hermano Grimm"–, me estremece pensar y saber que se mutilan, bajo pretextos inanes de corrección política más o menos oportunos, y que unas manos depredadoras, imaginando tal vez que ser niño significa ser idiota, convierten verdaderas joyas literarias en relatos no sólo mortalmente aburridos, sino, además, necios. ¿Y aún nos preguntarnos por qué los niños leen poco? Yo recuerdo aquellos días en Sitges, hace años, cuando algunas tardes de otoño venía a mi casa un tropel de niños y, junto al fuego –como está mandado–, oían embelesados repetir por enésima vez las palabras mágicas: “Érase una vez...”

Cuando durante la noche, toda la casa dormida, acudía al cuarto de mis dos hermanos, José Antonio y José Luis, y, ayudada por una linternilla de pilas, se la leía, protestaban cuando yo decía “continuará". (Y eso quería decir hasta la noche siguiente.) Entonces parecía llenarse de magia la habitación a oscuras de los niños. Niños asombrados –como cuando, en cierta ocasión, vi surgir, al partir un terrón de azúcar en la oscuridad, una chispita azul–, algo que me reveló que yo sería escritora, o que ya lo era.

Y me permito hacerles un ruego: si en algún momento tropiezan con una historia, o con alguna de las criaturas que trasmiten mis libros, por favor créanselas. Créanselas porque me las he inventado. Muchas gracias.

24 noviembre 2010

Ana María Matute, Premio Cervantes 2010

Ana María Matute ha sido galardonada hoy con el Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes 2010. Este Premio es un éxito de la literatura en general, pero también de la infantil y juvenil y de la fantástica. La escritora es académica de la Real Academia desde 1996.

Para hacernos una idea de lo que toca este premio a la literatura para niños y jóvenes basta con saber que Ana María Matute obtuvo en 1965 el Premio Lazarillo por El polizón de Ulises, y en 1984 el Premio Nacional de literatura infantil y juvenil por Solo un pie descalzo. Además, ha publicado muchos libros dirigidos a ese público, entre otros: Los niños tontos, Tolín, Cuentos de infancia, Todos mis cuentos, El verdadero final de la Bella Durmiente, La oveja negra, Leyendas apócrifas, El árbol de oro y otros relatos, Carnavalito, El aprendiz, El saltamontes verde, Caballito loco, Libro de juegos para los niños de los otros, Paulina, El país de la pizarra.

Y para hacernos una idea a su vez de lo que la fantasía representa para ella, no hay más que leer su discurso de ingreso en la Real Academia Española, llamado En el bosque, del que extraigo algunas frases:

Otra vertiente de la obra de Carmen Conde que desearía recordar aquí es su producción destinada a los niños. Recuerdo sus libros de cuentos —como Doña Centenita, gata salvaje o Los enredos de Chismecita— y sus obras de teatro —Aladino, A la estrella por la cometa—, que encandilaban a los lectores más jóvenes con su sensibilidad, su ternura y su encanto.

El momento en que Alicia atraviesa la cristalina barrera del espejo, que de pronto se transforma en una clara bruma plateada que se disuelve invitando al contacto con las manitas de la niña, siempre me ha parecido uno de los más mágicos de la historia de la literatura.

Porque el bosque (..) era mi lugar. Allí aprendí que la oscuridad brilla, más aún, resplandece; que los vuelos de los pájaros escriben en el aire antiquísimas palabras, de donde han brotado todos los libros del mundo.

¿acaso nuestros sueños, nuestra imaginación no forman parte también de nuestra realidad?

Escribir, para mí, ha sido una constante voluntad de atravesar el espejo, de entrar en el bosque.

Escribir es para mí recuperar una y otra vez aquel día en que creí que podría oírse crecer la hierba.

17 noviembre 2010

Ana María Matute: "Escribir sencillo es difícil"

«La literatura infantil es muy difícil, como escribir sencillo, que la gente cree que es fácil y es dificilísimo, porque lo más fácil es escribir complicado.»


Aunque parezca una paradoja, no lo es en absoluto.

02 junio 2009

Dedicatorias

A través de Librosfera y del blog de Raquel Aparicio, me entero de que existe, con motivo de la Feria del Libro de Madrid, esta página de El Mundo con dedicatorias. A ver si adivináis de quién es cada una. Vale, algunos son explícitos.
Solución: abajo.











Solución:

Ana María Matute
Miguel Delibes
Lorenzo Silva
Laura Gallego
Paco Roca
Daniel Torres
Raquel Aparicio
Rafael Ábalos
José María Plaza
Joaquín Londáiz Montiel