16 junio 2011

Ne Obliviscaris. Fernando Alcalá Suárez

La historia arranca con Ash, un personaje salido no se sabe de dónde, subiéndose a un bote en un día de tormenta para llegar a la isla de Bran, en el mar del Norte. Allí está su destino: el colegio Dumas, donde conocerá a Rudy, su compañero de habitación, un chaval graciosete y un poco corto, pero de gran corazón; a Maya, una líder en el instituto, que de un día para otro verá cómo su estatus desaparece; y a Charlotte y Arnaud, franceses, enigmáticos, poco sociables. Poco a poco, se van a ir dando cuenta de que en ese colegio hay rumores que modifican la realidad de forma asombrosa, y de que a quienes tocan los los rumores, desaparecen tragados por el Olvido. Juntos, tendrán que evitar las tormentas del Olvido y encontrar la manera de vencerlo.

La historia comienza y termina con un prólogo y un epílogo, en segunda persona, muy parecidos, pero de significado distinto, pues al principio no sabemos nada, y al final, sí. Entre medias, una acumulación de aventuras, asombro, relaciones más o menos sutiles, amistad por encima de todo... Las sensaciones (como suelen decir en los realities) se magnifican por el universo claustrofóbico en el que coloca Fernando Alcalá Suárez la acción: un edificio, el del colegio, que es lo único que hay en la isla.
Tiene escenas y revelaciones de gran potencia y originalidad. Quizá me parece un poco desaprovechado el tema de los rumores, que podía haber dado más juego (lo digo porque me ha encantado la idea), y también para que quedase un poco más comprensible, dentro de lo fantástico, la relación entre los rumores y el Olvido. Pero estas minipegas no son más que unas gotitas frente a la tormenta de calidad del libro.

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