08 mayo 2008

Roberto Aliaga


Hace tiempo que nos conocemos a través de internet Roberto Aliaga y yo, y hará unos meses (creo, porque estos días tengo el tiempo un poco descabalgado) se me ocurrió proponerle un intercambio de Obras completas (hasta el momento): yo le mandaba todos mis libros y él me mandaba todos los suyos. No es algo que haya hecho antes, pero de pronto se me ocurrió. Revisitando su web y viendo todos los libros que tiene pendientes de publicar, creo que debería haber esperado unos meses para que el intercambio hubiese sido más ventajoso.
Bromas aparte, después de leerme sus Obras completas, me ha quedado un regusto dulce a cuento tradicional. Sus cuentos están cargados de sensibilidad y hay en ellos, al margen de la historia en sí, una búsqueda estética y de complicidad con el lector, casi como de juego, sobre todo en los álbumes de OQO (El sueño del osito rosa y La tortuga que quería dormir) y en Poemitas de maíz.
La oficina de objetos perdidos y encontrados y Cáctus del desierto son sus historias más largas, en las que no desaparece ese sabor añejo. En ellas podemos encontrar momentos de acción, tristes, profundos, aunque siempre termina quedándote una sensación de esperanza.
Y de momento no me voy a enrollar más porque estoy seguro de que volveré a hablar de él en este blog y que, junto a la etiqueta de Libros infantiles, tendré que añadir la de Premios. Si no, al tiempo.
Sólo decir que El príncipe de los enredos, uno de esos libros de Roberto que están por salir, está siendo ilustrado por un ilustrador por el que ya mostré en este blog mi debilidad: Roger Olmos. Por lo que se ve en su blog, puede ser espectacular.

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