21 febrero 2010

Sopa de nada. Darabuc y Rashin Kheiriyeh

María Zorruna y Juan Gato llegaron hambrientos al palacio de Juan Rata, en medio del desierto. Le pidieron comida y Juan Rata, haciendo honor a su apellido, les mintió diciendo que no tenía nada.
María Zorruna (me imagino que Darabuc o la editorial se cortó de llamar a la protagonista María Zorra) y Juan Gato, haciendo honor a sus apellidos, usaron la astucia para decirle que se conformarían con una sopa de nada. Juan Rata se rió de ellos y les trajo las piedras que pidieron para esa sopa. A continuación le pidieron una pizca de sal, un chorrito de aceite... así hasta que la sopa de nada quedó al gusto de María Zorruna y Juan Gato, mientras Juan Rata se daba cuenta de que le acababan de tomar el pelo.

Este álbum no tiene nada reseñable, aunque...
su título y sus primeras palabras: "En el desierto de Nohaynada, algo hay" te predisponen a aceptar la paradoja que es el nudo de la historia.
Si con eso es bastante para un álbum...
- ¿Que si basta? ¡Y aun sobra!
Aunque...
al título y a la primera frase se añade que es una buena recreación de Sopa de piedra, un cuento tradicional de un montón de países y con un montón de versiones distintas. Se conocen sopas de piedra, madera, hacha, clavos y botones.
Si con eso es bastante para un álbum...
- ¿Que si basta? ¡Y aun sobra!
Aunque...
al título, a la primera frase y a la recreación se añade la vuelta de tuerca sobre el cuento clásico. Aquí no es un pueblo reacio cuyos habitantes van aportando para una sopa común, sino un solo malvado que quiere reírse de los pobres protagonistas.
Si con eso es bastante para un álbum...
- ¿Que si basta? ¡Y aun sobra!
Aunque...
al título, a la primera frase, a la recreación y a la vuelta de tuerca se añade la evolución de Juan Rata, desde que se ríe de ellos hasta que termina royendo las piedras del guisado.
Si con eso es bastante para un álbum...
- ¿Que si basta? ¡Y aun sobra!
Aunque...
al título, a la primera frase, a la recreación, a la vuelta de tuerca y a la evolución de Juan Rata se unen las ilustraciones caóticas, en el buen sentido de la palabra, de la iraní Rashin Kheiriyeh. Alterna los fondos de color arena del desierto y verde. Nos presenta unos personajes alejados de la estética que cabría esperar por el texto, principalmente los hambrientos e ingeniosos protagonistas, que para mi gusto se parecen demasiado al villano.


Concluyo con una frase del libro, aplicable al guisado y al propio álbum: "Y con nada y poco más, a fuego lento han creado un guisado prodigioso"

11 comentarios:

  1. "Sopa de piedra" ha sido siempre una de mis cuentos favoritos y, de hecho, lo he contado algunas sesiones de cuentacuentos. Enhorabuena a Darabuc por haber conseguido hacer esta "prodigiosa" recreación.

    ResponderEliminar
  2. -Uhm, está bastante bueno pero le falta un poco de sal. Dicen que el hueso de jamón, tiene sal con sustancia, ni la del mar es tan buena cuando se trata de un guiso de piedra.
    -Cierto, pero para que coja un color de categoría habrá que echarle un tomate y algo naranja…
    -¿Una zanahoria?
    -Tal vez dos, no sea que vengan invitados.

    ResponderEliminar
  3. Hola, Jorge:

    Te agradezco la reseña, y más aún, el juego con la estructura. :-)

    Es cierto —bueno, más que eso: evidente y supongo que deliberado— que los tres personajes centrales que ha creado Rashin se parecen mucho. A mí también me sorprendió ya desde el story board. Pero me pregunté por qué y le encontré un sentido (que no va por la senda de la ilustración como subsidiaria del texto, desde luego, sino por el de la creación de distancias que dan que pensar). Así que me pareció bien. Es un aspecto complejo (y malo de resumir en este cajetín), pero creo que entra dentro de los derechos del ilustrador.

    De los nombres: la elección de "Zorruna" es mía, por razones de ritmo y, claro, de inconveniencia. El doble sentido inmediato no le aportaba nada bueno, creo yo. No es que ahora sean nombres inocentes (ni se pretende, más bien al contrario, en un cuento de pícaros); pero lo otro me parecía una interferencia más chusca que útil.

    En cualquier caso, es una de las partes que más me gustan, la de elegir nombres. A veces cambian casi en cada revisión. Como anécdota, en la primera versión (hubo unas quince, más los detalles) eran personas y se llamaban Juan Avaro, María Lista y Pedro Astuto.

    Y nada más, que corro el riesgo de gastar más palabras en el comentario que en el propio cuento... :-D

    ResponderEliminar
  4. Hola, Gracia:

    Esta versión nació justo de querer contarla y, de hecho, pude leerla en grupo y contarla bastantes veces antes de acabar de decidir varias cuestiones. Es algo nuevo para mí. Hasta cierto punto, ¿como ampliar la carpa individual de la creación al colectivo?

    *

    Hola, Rubén:

    Veo que te sabes la lección y que si un avaro te invita a comer (muy a su pesar), no saldrás de su casa con hambre... :-)

    ResponderEliminar
  5. Hay que consultar el tema con un niño de... unos seis años.
    ¡Que alguien traiga un niño de seis años!
    Un saludo "Marxiano"

    ResponderEliminar
  6. Yo ya lo he consultado, y no con uno, con 23.
    ¡Se lo han pasado cañón!!!

    ResponderEliminar
  7. Hola, Marxiano:

    Yo puedo traer una de cinco y pico, pero me temo que es terriblemente imparcial. :-)

    A mí me parece claro que en literatura infantil la opinión de los niños cuenta mucho. ¿Qué sentido tendría, si no? Es casi una perogrullada.

    Pero aun así, no cuenta por todo. La mayoría de los niños de esa edad tienen una educación estética televisiva que los ha acostumbrado a recibir bien los modelos de Disney, de Bob Esponja, en fin, lo que suelen tener más a su alcance. Pero es raro que vengan preparados para disfrutar de Kveta Pacovská o de los ilustradores feístas (más allá del feísmo de algunos dibujos animados, que también lo hay). Y sin embargo, el mundo se amplía y cambia cuando uno los acepta. Quizá es lo que va de ver a Picasso y pensar «esto lo hace cualquiera», a verlo y sentir un abismo bajo los pies.

    *

    Mònica:

    Gracias. :-) (También por haberlo contado con ganas, que el entusiasmo del mediador importa mucho.)

    ResponderEliminar
  8. interesante, ojala algun día una obra mia aparezca por aqui...eso querra decir que es de calidad.Saúdos e apertas

    ResponderEliminar
  9. Hola, Gonzalo:
    Yo le he dado vueltas a la cuestión; es como elegir la fruta favorita, puede ser la mandarina o la sandía, hay muchas, hasta estamos unos pocos que preferimos los higos picos (tunos), son buenos, pero tienen cáscara con picos, ¡qué cosas! A mí de pequeño no me gustaban las películas Disney sino los Barbapapas y el Pato Lucas. Conozco muchos niños que disfrutan con ilustraciones como las que ellos mismos pueden reproducir, les hacen pensar que hay mayores como ellos, con el mismo sentido artístico.
    Gracias por contestar.

    ResponderEliminar
  10. Hola, Marxiano:

    Sobre gustos no hay disputas, desde luego. Además me parece claro que la curiosidad es propia de los niños y que son listos por naturaleza, con una capacidad de aprendizaje envidiable. No iba yo por ahí.

    Lo que pensaba es que el gusto se educa (y en parte, se deseduca) por la mediación cultural mayoritaria. Y sin poner en duda que hay incontables niños a los que se estimula para que crezcan con un gusto variado, yo creo, siendo realista, que hay muchos que no reciben más educación estética que la de la televisión y la que buenamente les aporte la escuela. Por suerte, hay muchos álbumes con propuestas dignas de ver y muy distintas entre sí. Pero tampoco hay que engañarse: el álbum sigue siendo un género minoritario y uno de los que más comentarios provoca del tipo de: "¿12 euros? ¡Pero qué caro!". Al menos, es lo que me dice mi experiencia de recorrer escuelas y hablar con los maestros. Hablo de la mayoría que no lee estas palabras, claro. Aquí vivimos en una distorsión, por compartir de entrada intereses y curiosidad.

    A mí me parece un tema apasionante. También hay una historia del gusto infantil, que se va transformando. Disney se ha hecho con un dominio apabullante (sobre todo en los productos para niñas, con su serie de princesas) que no tenía hace veinte o treinta años, sino que viene sobre todo del encadenamiento de La bella y la bestia, Aladdin y El rey León. (Yo lo viví desde dentro de una empresa de juguetes y parecía una revolución.) Es posible (yo diría más, probable) que hoy existan más posibilidades que antes y, sin embargo, un gusto mayoritario más concentrado. Al menos, proporcionalmente; de aquellos dibujos de los sábados o la tarde en dos canales de televisión hemos pasado a una explosión de posibilidades que sin embargo no ha dinamitado el gusto general. Yo creo que al revés, la presencia de las marcas y el merchandising es más fuerte. Eso, si no se contrarresta, es la educación principal del gusto estético.

    Cordialmente,

    Gonzalo

    ResponderEliminar
  11. Estoy de acuerdo, Gonzalo.
    Aunque para estas cosas me llevo por el instinto: de pequeño buscaba sensaciones frente a los libros y tebeos, huía de los más caros, cien pesetas me resultaba algo acongojante, pues luego me arrepentía de dilapidar el poco dinero que me asignaban. Yo quería más sustancia por menos dinero. QUé le vamos a hacer... Por suerte, había editoriales que complacían mis deseos de aprovechamiento y ahorro (el Superlópez de los Cabecicubos).

    En definitiva, hay niños que eligen libremente sus libros, frente otros que parecen encadenados a una moda de belleza poco natural (tipo Barbie).
    Gracias por responder.

    ResponderEliminar