13 diciembre 2016

Leer a los niños no da buena imagen en España


Iba a publicar una entrada con el falso libro infantil de Donald Trump que le hicieron hace un año en el programa de Jimmy Kimmel, Winners aren´t losers (Los ganadores no son perdedores), pero me he liado. Además de que no es un tema actual, me ha sugerido otro más inquietante.

Al ver la imagen de Trump con estos niños, después de intentar descifrar sin éxito si está leyendo, durmiendo o levantando la mano para pedirse primer, me he dado cuenta de que fácilmente me venían a la cabeza imágenes similares de sus antecesores. No hay presidente de Estados Unidos sin su foto o vídeo, no ya rodeado de niños, sino contando o leyendo cuentos a niños. Barack Obama sale en muchas. Su libro infantil favorito debe de ser Where the wild things are (Donde viven los monstruos), de Maurice Sendak.



George W. Bush estaba precisamente en un colegio, junto a un cartel que rezaba Reading makes a country great (Leer hace grande a un país), justo cuando le comunicaron que un avión acababa de colisionar con una de las torres gemelas, el 11-S. Bill Clinton, George Bush padre... son fotos fáciles de encontrar.


Animado por esto, me propuse a hacer lo propio con los presidentes de España: Rajoy, Zapatero, Aznar, Felipe, Suárez. No puedo decir que no exista el material, es posible que sí, pero yo no he sido capaz de encontrar nada con la misma facilidad que con los anteriores. Deduzco que consideran que una imagen así no les aporta votos ni mejora su imagen pública. Me da bastante pena. En la Casa Real ocurre algo curioso. Es Doña Letizia la encargada de acudir a todos los actos relacionados con literatura infantil y juvenil. Quizá porque un «hombre de estado» no debe preocuparse por esas cosas.

Estoy seguro de que algunos presidentes de EEUU no tienen ningún interés en fomentar la lectura infantil, pero es un acto que tienen que hacer. Y eso ya tiene importancia. Tampoco les gustará reunirse con determinados mandatarios u organizaciones, pero es su obligación. Ya sea por obligación o por vocación, bienvenido sea.

Con este tema, como casi siempre, intento denunciar lo que no me gusta, aunque sea propio, y aplaudir lo que sí, aunque sea ajeno. Pero todo con buenas formas, sin entrar en la trinchera.

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