19 diciembre 2008

Especial Literatura infantil y juvenil en El Cultural, y Aceprensa

La revista El cultural de El Mundo acaba de sacar un especial sobre literatura infantil, coordinado por Gustavo Puerta. Se divide en cuatro secciones:
- Panorámica de 2008: Seamos optimistas, en el que intenta ser optimista a pesar de considerar que la cosa está bastante mal.
- Libros recomendados.
- Entrevista a Pep Montserrat, en el que nos habla de la ilustración en general y de sus ilustraciones de La Odisea.
- ¿Crisis? ¿Qué crisis?, en el que hablan del sector Vicente Ferrer, editor de Media Vaca; Mariasún Landa, escritora; Javier Zabala, ilustrador, y Oblit Baseiria, librera.

Además, como Luis Daniel González (de Bienvenidos a la fiesta) también ha publicado en Aceprensa una lista de recomendados, voy a poner los libros en los que ambos coinciden, señal de que deben ser bastante buenos:
- Las aventuras de la familia Melops, de Tomi Ungerer.
- La ola, de Suzy Lee. Un libro sin palabras.

4 comentarios:

  1. Sinceramente no me parecen justas las afirmaciones del primer artículo de El Mundo: "Pero hay que ser optimistas, si partimos de la hipótesis de que uno de esos treinta y tres libros aludidos que se publican a diario es bueno. Al cabo de un año obtendremos 365 libros buenos. Mejor detener muestra mirada en esta hipotética selecta biblioteca, que en los posibles 11.813 libros descartados. Mejor darle la espalda a la sobreproducción, al modo como las grandes editoriales van absorbiendo a las pequeñas y descabezando a editores de oficio, a toda la paraliteratura pedagógica que se produce para tratar problemáticas adolescentes, titulares de moda o conmemoraciones varias".

    Me parece excesivo e injusto en un momento que incluso las grandes editoriales apuestan por la LIJ.

    ¿Y los lectores y sus gustos? ¿Y los padres? ¿Debe primar la ilustración y el diseño a la lectura?

    ¿No tenemos un generación propia de escritores que tengan algo propio qué decir? Totalmente en desacuerdo. Tenemos cada vez mejores escritores de LIJ y más comprometidos con la LIJ.

    ¿Hay que descartar esos 11.813 libros? ¿Todo lo que es comercial?

    No quiero crear polémica, ni sé si es el foro adecuado, pero me parece unas reflexiones reducionistas sobre el panorama de la LIJ.

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  2. yo estoy de acuerdo contigo. Da la sensación de que el autor del artículo descarta por sistema todo lo que a él no le gusta, despreciando olimpicamente los gustos de los jóvenes lectores. ¿Qué clase de critico de literatura infantil es éste que menosprecia a los niños como lectores?

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  3. Este es el sitio para decir lo que sea con respeto y, si es posible, con argumentos.
    Así lo habéis hecho y vuestras opiniones son igual de respetables que la del crítico.
    Yo comparto con él que hay una sobreproducción, un mercantilismo desmesurado y un afán de las editoriales por sacar el pelotazo fácil. Y no comparto que no tengamos una generación de escritores con algo propio que decir, ni que todos los libros que tratan problemas de adolescentes sean malos. ¿Son malos todos los libros que tratan problemas de adultos? En literatura se pueden (y se deben) tocar todos los temas, y que los escritores estén implicados con la realidad que viven no me parece malo, antes al contrario.

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  4. De los aproximadamente doce mil libros que se editan al año de LIJ, ¿cuántos han sido escritos con vocación literaria? Tengamos en cuenta que entre esos doce mil títulos hay montones de libros que son adaptaciones de clásicos (robinsones, gulliveres, islas del tesoro, etc. ¡hasta aburrir!) Por otro lado, montones de troquelados para pequeños con caperucitas, cenicientas, blancanieves, etc. Montones de libros sin texto para pequeños. Montones de libro-juegos. Montones de libros didácticos o educativos. Montones de libros de conocimientos. Todos estos montones suman casi los doce mil. El resto -unos pocos que por lo general pueden rastrearse por las colecciones de fondo de las editoriales- son los que han nacido con pretensiones literarias, aunque no siempre estas pretensiones se consigan. No nos dejemos engañar por las cifras.

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