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12 noviembre 2013

¿Cuáles serían vuestras ciudades literarias y por qué libros?

Foto del barrio de Santo Domingo Savio, Medellín
A través de Lecturalia, he recordado que UNESCO ha ido distinguiendo en los últimos años a varias ciudades como Cities of literature (Ciudades literarias). En concreto, a Edimburgo, Melburne, Iowa, Dublín, Reikiavik, Norwich y Cracovia. (León también intentó serlo en 2009, ¿os acordáis?). Para obtener dicha distinción, los requisitos mínimos son:

- Diversidad editorial.
- Programas educativos sobre literatura nacional y extranjera en todos los ciclos.
- Entorno urbano en el que la literatura juega un papel fundamental.
- Experiencia en eventos literarios y festivales de fomento de la literatura.
- Bibliotecas, librerías y centros culturales públicos o privados dedicados a la preservación, promoción de la literatura nacional y extranjera.
- Esfuerzo de las editoriales por traducir trabajos de diferentes lenguas.
- Implicación de los medios en promover la literatura y fortalecer la producción literaria.

Aquí vamos a ser menos exigentes y sólo os vamos a preguntar qué libros han conseguido fijar una imagen de un pueblo, una ciudad o una zona en vuestra mente. La imagen no tiene por qué ser contemporánea y tampoco importa si la habéis visitado o no.

Un, dos, tres, responda otra vez (si vais contestando por aquí o por Facebook o Twitter, iré añadiendo vuestras ciudades al tema):

LIJ
Barcelona, en los libros de Care Santos (Maria Jesús Juan)
Barcelona, en Marina, de Carlos Ruiz Zafón (Bibliolibre)
Bogotá, en En orden de estatura (Sebastián González)
Medellín, en Barro de Medellín, de Alfredo Gómez Cerdá (Jorge Gómez Soto)
Nueva York, en 21 elefantes en el puente de Brooklyn, de April Jones y François Roca (Un punto curioso)
París, en La invención de Hugo Cabret (Sebastián González)
Pola de Laviana, en El ratón de Laviana, de Alfredo Gómez Cerdá (Tesifonte Guisante)
Venecia, en Olivia en Venecia, de Ian Falconer  (Un punto curioso)
Zaragoza, en Donde surgen las sombras y Herejía, de David Lozano (Ana Alcolea)
Zaragoza, en Napoleón puede esperar, de Ana Alcolea (Ana Alcolea)

RESTO
Albacete, en La rosa de Alejandría, de Manuel Vázquez Montalbán (Tesifonte Guisante)
Alejandría, en El cuarteto de Alejandría, de Lawrence Durrell (José Luis Navarro)
Barcelona, en La ciudad de los prodigios, de Eduardo Mendoza (Tesifonte Guisante)
Bath, en Persuasión, de Jane Austin (Biblioteca de Cambrils)
Madrid, en Misericordia, de Benito Pérez Galdós (Tesifonte Guisante)
La Habana, en la tetralogía de Leonardo Padura (Bibliolibre)
León, en La fuente de la edad, de Luis Mateo Díez (Tesifonte Guisante)
Lisboa, en El libro del desasosiego, de Fernando Pessoa (Jorge Gómez Soto)
Lisboa, en El invierno en Lisboa, de Antonio Muñoz Molina (Bibliolibre)
Lisboa, en Sostiene Pereira, de Antonio Tabucchi (Bibliolibre)
Oviedo, en La Regenta, de Leopoldo Alas Clarín (Tesifonte Guisante)
Praga, en los libros de Kafka y Havel (María Rosa Serdio)
Tomelloso, en Plinio, de Francisco García Pavón (Tesifonte Guisante)

15 abril 2011

Los segundos «Mi primer...»: Eduardo Mendoza y Javier Marías

Después de la primera tanda, que generó varios temas (y algún palito) en este blog llega al segunda hornada: Javier Marías y Eduardo Mendoza, dos escritores que me apasionan más que los dos primeros. A priori, se me ocurre que el estilo y el sentido del humor de Mendoza puede parecer más cercano al público infantil y juvenil. Ya veremos el resultado.

Según la editorial, «en Mi primer Eduardo Mendoza: El camino del cole descubrirás el maravilloso poder de la imaginación, conocerás sorprendentes personajes y, camino del cole, vivirás una aventura inolvidable.». Está ilustrado por Daniel Montero Galán.

«En Mi primer Javier Marías encontrarás un misterio enterrado en el bosque, que tal vez conduzca hasta el primer amor. Una historia donde el amor y la generosidad salvan las barreras del tiempo».
Está ilustrado por Marina Seoane Pascual. Puedes ver otras ilustraciones del cuento aquí.
Dice Javier Marías acerca de la experiencia de escribir un libro para niños: «Difícil y simpática, la experiencia. No me veo repitiendo por voluntad propia, la verdad. Esto fue un empeño de mi amigo Pérez Reverte, creador de esa colección de cuentos para niños de autores “adultos”. Se lo he agradecido, pero, a menos que Ven a buscarme se convierta en un éxito demencial, y los niños me pidan más, no me veo por esa senda. No creo que los niños me pidan nada, la verdad.»